Si la crisis nos ha dejado algo bueno, es la cantidad de infraestructuras deshabitadas y sin uso que moran el paisaje de nuestras ciudades inundando nuestro urbanismo de “cementerios urbanos”.

Es inviable pensar que necesitamos a día de hoy más infraestructuras destinadas al uso de dotaciones y servicios, sin embargo, nuestra necesidad de un mayor número de actividades de ocio y culturales sigue en aumento.

Para muchos ayuntamientos, la opción de recuperar viejas glorias de la edificación plantea una manera sencilla y económica de matar dos pájaros de un tiro. Esta idea nos recuerda al concepto de los parques periurbanos donde el “reciclado” de espacios naturales adyacentes a la ciudad resultaba el modo más efectivo de, no solo crear un nuevo parque, sino recuperar también la esencia del paisaje autóctono.

De Residuo Urbano a Contenedor de Arte

Son muchos los casos en los que la rehabilitación y puesta a punto de una infraestructura en desuso resulta ser más atractiva que la creación desde cero de un nuevo ente sin una identidad todavía propia. El concepto de la descontextualización resulta muy morboso en estos casos en el que podemos transformar un hospital en un museo (mírese el caso del Museo Reina Sofía) o una antigua estación de trenes en un gran invernadero (nos referimos, claro está, a la estación de Atocha en Madrid).

Uno de los casos más característicos debido a su extensión, situación en la ciudad y cambio de uso es el antiguo matadero de Madrid, transformado actualmente en un autentico contenedor de arte. Lo más atractivo de la rehabilitación de este proyecto es el respeto que se tuvo hacia su forma original (casi ruinosa debido a su avanzado deterioro) entendiendo “lo basto” de su construcción y decadencia como hermoso e introduciendo una arquitectura brutalista que aunaba a la perfección la relación entre los dos usos: el antiguo y el nuevo.

De Residuo Urbano a Contenedores de ArteMatadero contenedor de arte

Actualmente el Matadero de Madrid es todo un éxito en lo que a actividades urbanas se refiere, y esto es sin duda debido a lo atractivo del entorno. Nadie duda que si hubieran destruido todas las naves para crear un edificio contemporáneo sin alma el resultado hubiera sido un peor paisaje urbano y un mayor coste de las obras.

Sin duda, podemos afirmar con ejemplos como este que menos es más.

El Caso de la Estación de Trenes de Almería

Todas las ciudades cuentan con alguna vieja gloria dispuesta a volver a la primera línea del mundo de la arquitectura y el espectáculo. En Almería, se esta empezando a especular sobre el nuevo uso que podría tener la antigua estación de trenes cerrada desde 2001 debido a la construcción de una nueva (pero no mejor) estación en sus cercanías.

La propuesta que más impera es un cambio de uso a “contenedor de arte” concepto que, al no estar muy bien definido por el ayuntamiento no sabemos si realmente llegara a buen puerto: No solo basta con rehabilitar un antiguo edificio y esperar a que de sus frutos… los contenedores de arte deben estar rellenos de un programa cultural/artístico que les de un valor real.

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Foto realizada por Domingo Leiva

Paisajismo arte por las calles de Almería

Si ayer estaba de moda crear grandes edificios diseñados por los arquitectos estrella sin importar si eran realmente necesarios; hoy la novedad consiste en rehabilitar edificios clásicos sin importar si son realmente necesarios…Como decía Miguel Bose en una de sus canciones parece que lo importante para los ayuntamientos de este país es “Hacer por hacer”. Hasta que las autoridades no se den cuenta que lo importante es el contenido y no el contenedor seguirán gastando millones de euros en vasos que nunca estarán llenos de agua. Los constantes museos de nuestra ciudad han sido un fracaso continuo llegando a reducir sus jornadas de apertura para abaratar costes y es que nadie se ha percatado que antes de llenar las salas de los museos hay que llenar la mente de ideas.

El arte, la cultura, ha de estar primero en el paisaje que nos rodea para que tengamos la necesidad de crear auténticos contenedores donde disfrutar de nuestras inquietudes. Cuando llegue ese momento, dará igual si los contenedores sean actuales, clásicos e incluso de cartón; habremos llenado el espacio más importante de la sociedad: nuestras mentes.